Allende se enriqueció en más de 1 millón de dólares: decomiso, multa y prisión condicional.

Allende se enriqueció en más de 1 millón de dólares: decomiso, multa y prisión condicional.

El exdiputado provincial José Ángel Allende (PJ-Nogoyá) firmó un acuerdo de juicio abreviado en el que reconoció su crecimiento patrimonial en más de un millón de dólares y por ende tendrá que entregarle al Estado provincial su mansión del Parque Urquiza (valuada en más de 700 mil dólares) y una casa de calle Laprida 152 (tasada en 378 mil dólares).

También reconoció el delito de negocios incompatibles con la función pública -también revelado por la revista- y por ende deberá pagar una multa de 3 millones de pesos. En tanto, tendrá que cumplir una pena de prisión condicional de 2 años y 8 meses y será inhabilitado de modo perpetuo para ejercer cargos públicos. Esto último, como consecuencia, además, de las amenazas a la ministra de Salud, Sonia Velázquez y al periodista Martín Carboni. La información fue confirmada  por el abogado de Allende, Leopoldo Lambruschini. Los bienes que se decomisen podrían ser la sede del Consejo de la Magistratura y las oficinas de la Fiscalía de Género.
El exdiputado ya no podrá observar más el atardecer desde su lujosa mansión del Parque Urquiza, que abandonó a principio de año. Tampoco mantener reuniones en la vieja casona de calle Laprida. Esta vez bajó los brazos y acordó con la justicia un juicio abreviado por un combo de delitos cometidos en los últimos tiempos. Reconoció que se enriqueció ilegalmente siendo diputado provincial una y otra vez; que cometió negocios incompatibles con la función pública; que amenazó a la ministra Sonia Velázquez y también al periodista Martín Carboni. Y por ende tendrá que pagar por ello.
Allá por marzo de 2012,  se inicio  una causa por enriquecimiento ilícito, pero también por negocios incompatibles con el Estado: giraba subsidios a la fundación que preside su actual mujer, firmados y entregados por él mismo en actos públicos.
Cuando se le hizo una tasación oficial desde la justicia, en 2016, los profesionales actuantes determinaron que Allende tenía entonces bienes por más de 2,5 millones de dólares, pese a que algunos inmuebles no aparecieron en el relevamiento realizado en Paraná y Capital Federal. La cifra exacta fue de 2.512.965 dólares. El detalle, era el siguiente:
—Residencia en calle Castelli, pleno Parque Urquiza: 720.922 dólares.
—Piso 27 en Puerto Madero, Capital Federal: 536.000 dólares.
—Casa quinta en Sauce Montrull, 368.162 dólares.
—Semipiso en el edificio Torres del Cóndor, pegado al Hotel Marán, en pleno Parque Urquiza. Fue adquirido por Diana María Traverso (exesposa) en fecha 28/06/2007 y donado posteriormente a sus hijos en octubre del 2010. Está a nombre de Victoria, Carolina y Julio Allende. Está valuado en 297.192 dólares.
—Departamento 10 «A» en el edificio de calle Cervantes y Santiago del Estero, 130.600 dólares.
—Departamento 10 «B», en el mismo edificio, 81.800 dólares. Los dos inmuebles están a nombre de José Angel Allende, hijos y la señora Traverso.
—Inmueble ubicado en calle Laprida Nº 152, Paraná, Matricula Nº 148596, Plano nº 111159. Adquirido por José Ángel Allende, el 25 de noviembre de 2004, posteriormente donado a sus hijos en diciembre de 2006. Sale 378.289 dólares. O sea que hace a un total de 2.512.965 dólares.
La tasación judicial comprendió además el yate denominado Quichua, con camarote y hasta una especie de caja fuerte incrustada, que costaría actualmente 55 mil dólares. Sorprendió que no fuera incluida la isla de Allende, comprada en 2014. Son 13.700 metros cuadrados (poco más que una manzana), ubicados frente al Club de Pescadores de Paraná. La operación la concretó con la abogada María Cristina Mercedes Daneri, quien vendió su parte de la herencia familiar. La letrada estaba en la Fiscalía de Estado y actualmente está a cargo de los sumarios en Tribunales.
Entre 2016 y tiempos recientes, Allende se desprendió de varios inmuebles transfiriéndolos a familiares o testaferros, que no aparecieron en el relevamiento judicial. Fue el caso del costoso piso de calle 25 de junio (entre Buenos Aires y Santa Fe), por el que le había pagado 160 mil dólares al escribano Héctor Krochik –radicado en Punta del Este, desde la abrupta caída del Banco Cooperativo del Este- ni la propiedad que tenía en calle Courreges. Tampoco se incluyó la tasación del haras de Nogoyá, donde tiene algunos caballos, ya que la mayoría de los equinos de carrera están en el hipódromo de Palermo, para lo cual debe abonar mensualmente significativas sumas de dinero para su mantenimiento. Y estuvo ausente la radio La Voz que tiene en Nogoyá.
Además de gremialista, exlegislador y referente del poder oficialista, Allende es un hombre de negocios. Está ligado, a través de sociedades con amigos y familiares, con domicilios en el exterior, al negocio financiero y bursátil. Tuvo una empresa en Montevideo y cuentas bancarias que ordenó cerrar cuando la revista ANALISIS consignó su existencia. También se dedica a la cría de ganado (las estimaciones indican que dispone de entre 3.000 y 5.000 cabezas de ganado en zonas de islas de los departamentos Diamante y Victoria, lo que negocia con tres firmas consignatarias diferentes); al cultivo de cereales y a los medios de comunicación. Está vinculado con el mercado de los medicamentos (más allá de que cuando saltó el negocio irregular de la efedrina ordenó el cierre intempestivo de la farmacia que conducía una de sus hijas y que estaba en la esquina del Hospital San Martín de Paraná); con las carreras de caballos y la construcción.
Allende dispone además, hace ya un buen tiempo, de varios modelos de vehículos antiguos, con los cuales, junto a su actual mujer, participa en competencias en diferentes puntos del país y no duda en fotografiarse sobre ellos en cada jornada automovilística.
Es decir que su patrimonio es muy superior a los 2,5 millones de dólares que figuraban en la tasación. Pero como cada uno de los políticos reconocidamente corruptos de nuestras tierras entrerrianas, Allende siempre negó todo.
Intento fallido
A fines de 2016, el diputado y gremialista le pidió a su abogado y sobrino Marcos Rodríguez Allende -quien llevaba adelante su defensa- que gestionara una reunión con el procurador Jorge García para concretar un juicio abreviado. “Allende quiere que nos juntemos porque pretende terminar con la causa penal y está dispuesto a reconocerse responsable de enriquecimiento, aceptaría tres años de prisión condicional, no renovaría la banca de diputados y entregaría algunos bienes”, le dijo.
Allende se reunió con el procurador y le indicó que estaba dispuesto a reconocer el delito de enriquecimiento que se le imputaba.
—Doctor, me hago cargo de mis culpas, pero quiero que desligue totalmente a mi mujer y a mis hijos, que también quedaron involucrados en la causa –insistió Allende.
—Eso está previsto. Nosotros exigimos tres años de prisión condicional, inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos y la entrega del departamento en Puerto Madero, la casa del Parque Urquiza y la estancia de Sauce Montrull- se le respondió.
Allende quedó mudo y fijaron fecha tentativa para otra reunión que nunca se realizó. En 2017, a mediados de febrero, la web Análisis digital informó sobre la posibilidad de un juicio abreviado para Allende a cambio de bienes y prisión condicional. Sergio Urribarri lo citó urgente a su despacho para hablar del tema, según quedó registrado en el libro El Nido.
—¿Vos sos loco, Ruso? Sos consciente del precedente que nos generás si acordás eso? –le preguntó el exgobernador, también denunciado por enriquecimiento ilícito.
—Pato, no es por mí. Es por mi mujer y mis hijos. Adriana me vuelve loco; ya se quiso ir a la mierda de la casa porque no soporta más esta situación.
—No sé, le buscamos otra solución. Pero no arregles nada porque nos vas a cagar a todos. Y somos varios los que estamos en la misma situación que vos. Y yo no quiero que me saquen bienes ni que me inhabiliten de por vida para hacer política. A mí no me van a meter preso. No se van a animar.
Nunca más se avanzó en la posibilidad de un acuerdo. Primó la avanzada del propio Urribarri y sus secuaces, varios de ellos también pendientes de decisiones judiciales por causas de corrupción.
El expresidente de Diputados y titular de UPCN Entre Ríos siempre tuvo estampado el símbolo del dinero en su frente y en sus genes. Nunca dejó de sacar tajada de alguno de sus movimientos, como desafiándose permanentemente, para demostrar que, como varios de los popes gremiales de Capital Federal, él también podía ser rico y poderoso sin transpirar demasiado la camiseta. Durante los períodos legislativos ese lugar de privilegio de diputado oficialista u opositor –como sucedió con Sergio Montiel, que se transformó en su mejor aliado- le dio ciertos aires de prestigio jamás comprobado, relaciones sociales en medio de una sociedad paranaense ostentosa y siempre dispuesta para las fiestas y la foto al instante, como así también posibilidades de hacer innumerables negocios millonarios, imponiendo un poder para muchos inexistente. Allende se valió de cada minuto de esos años en la banca para cumplir a rajatablas con esas prerrogativas de la vida, en beneficio propio, pero también para cada uno de sus familiares, a los que ubicó sin ponerse colorado, en diferentes estructuras del Estado. Ya fuesen hijos, hermanos, sobrinos, cuñados, esposas, empleados de haras o de la casa quinta. Todos pasaron al Estado entrerriano; con diferentes sueldos, categorías, contratos o lugares de poder que, quizás, hasta se ganaron por mérito propio. Pero siempre estuvo antes la “sugerencia” del diputado al responsable político para que le abriera el camino con un puesto.
Algo así sucedió también con la arquitecta Adriana Satler, a quien conoció para rediseñar su casa quinta de Sauce Montrull y la terminó convenciendo para que se transformara primero en su novia y luego en su esposa. Su mujer, que tuvo a su cargo la dirección de obra de la mansión en el Parque Urquiza, fue funcionaria en el Ministerio de Salud, luego pasó a Diputados y lo asesoró en el gremio y en algunos de los negocios que encaró. Uno de ellos fue el manejo absurdo de subsidios que concretó en la Cámara Baja, entre 2007 y 2011, a través de la fundación que crearon. Satler y la hija del exdiputado, Carolina Allende, pasó a planta permanente de Diputados. El hijo, Julio Allende, quedó en planta del Senado el año pasado.














































Fuente: Análisis.



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